domingo , 17 octubre 2021
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Septentrión, de Rogelio Treviño

Por Rogelio Treviño
(Chihuahua, 1953-2012)

A Antonin Artaud en el primer centenario
de su estancia en el País de los Tarahumaras

“Tan increíble como parezca, los indios tarahumaras viven como si ya estuvieran muertos… No ven la realidad y sacan fuerzas mágicas del menosprecio que tienen por la civilización. Ellos vienen algunas veces a las aldeas, empujados por un ansia de viajar, de ver, dicen ellos, cómo son los hombres que han errado. Para ellos, vivir en las aldeas es errar”.

“Todo lo que acabo de decir viene de Ciguri –me dijo él– y es El quien me lo enseñó. Las cosas no son tal y como las vemos y las experimentamos la mayor parte del tiempo, sino tal como nos las enseña a través de los siglos. Han sido tomadas por el Mal, el Espíritu malo, y sin Ciguri, al que no le es posible volver a la verdad. Al principio eran verdaderas, pero mientras envejecemos, más se convierten en falsas porque el Mal se entromete más. Al principio el mundo era completamente real, sonaba en el mundo y con él. Ahora el corazón no está ya en la verdad, el alma tampoco, porque Dios se retiró. Ver las cosas era ver lo infinito. Ahora cuando miro la luz, me cuesta trabajo pensar en Dios. No obstante, es El, Ciguri, quien lo hizo todo. Pero el Mal está en todas las cosas, y yo hombre, ya no puedo sentirme puro. Hay en mí algo espantoso que sube y que no parte de mí, sino de las tinieblas que llevo en mí, ahí, donde el alma del hombre no sabe donde empieza yo ni donde termina, ni lo que lo hizo empezar, tal como lo ve. Y esto es lo que Ciguri me dijo. Con El ya no conozco la mentira, y ya no confundo lo que desea verdaderamente dentro de todo hombre con lo que no desea pero finge desear el ser de mala voluntad. y de pronto, esto será todo lo que habrá, dijo él, retrocediendo unos cuantos pasos: esta máscara obscena del que se mofa burlonamente entre el esperma y el estiércol”. 

Viaje al pais de los Tarahumaras
Antonoin Artaud

 

 

 

(onorúame)  siné  rawé  tétire  b u k a  mapu  suwimea  gawí

 

Subterráneo                  Jardín
De rosas vítreas                                       Diálogo de espejos

Los hilos de la luz tejen y destejen el canto
Vidrio inmenso del Norte
Sueños de Luz                                          Memorias
Rostros                                                      Frutas de luz
Sobre la sombra de los hombres
En el Árbol del Cosmos

Las estrellas del carro corrieron en la noche
Girando sobre la página del sueño

Cómo reconocerme Cómo llegar a los ojos de infancia

A través del cristal
Aquellas tardes de verano                       Sordas
Transparentes                                          Llenas de voces
Verdes
Huecos llenos de sombra                         Tejidos por la luz
Golpes repetidos sobre las banquetas

Aquella piedra salió del muro
Esa agua del Templo                                Corriendo
Precipitadamente por la caverna de la noche
Mina Coelestia                                         Tu estrella irrumpe
Alas
como un faro para los náufragos
Cinco de la mañana                                  Maris Stella
Mar de rosas de arena                             Agua del viento
Estrella refractada en el estanque seco
del
pensamiento
Vuelvo
retorno
caigo
¡Mira Rogelio que si no vas a misa
te pego! –dijo la voz en la co
ci
na

Las naranjas colgaban iluminando
el patio
¡El padre Trevizo es tan bueno! –volvió
a sonar la voz –no como el padre Porras
–dije–  puras porras                 porras
porras
El goteo de los pájaros cantaba
entre las hojas del naranjo

¡Cómo te atreves –trono la voz en la oreja
del templo! –venir a confesarte para la Comunión sin
haber aprendido las oraciones!
¡Cómo te atreves te atreves te atreves!

No estudiaba Me gustaba tenderme sobre la tierra
húmeda a mirar los arroyitos
de agua en el parque de enfrente

La iglesia del Refugio                           ¡Caramba!
Qué refugio                                            El padre Porras
porras

La casita entre las hojas de los Truenos
bajo el Árbol de Luz en el rincón del Templo
Anoche soñé a tu abuelo –dijo–  platiqué
con él                            ¡Francisca! y tu mamá
y Celestina                   ¿dónde está?
Aquella madrugada
aquél sombrero en la ventana
Sin rostro
Canto de hueso disperso bajo la dulce sombra de la arena
Canto del Norte
Viento
Historia de fantasmas
Polvareda

Alvar en el alba se quedó mirando en la lejanía
una ciudad de polvo    Un sueño brillando al roce
musical de los rayos del sol  ¡Quivira!  Alvar Nú
ñez de Vaca bajo el alba     Estebanico      Cíbola

Oro del Norte

o–birepi onorúame gayénare, weci ena reobá neware
o–birepi onorúame gayénare, weci ena reobá neware

Y morí una infancia de veintiún años
Y cumplí a los treintaitres la mayoría de edad

Y el infante no cambia Tan sólo la corteza
dura de los años me aprieta el rostro
Borrándome
Quien
soy       Por qué
estoy aquí
Sin duda
a qué he venido
El
Do
ra
do Sol del mediodía
Viento de Luz vestida                       Madre del alba
S o 1 i 1 o q u i o                                 Sol líquido
Agua                agua                 agua                 agua

                                                                           Solar

cu yíriti mu nira bakaci                      –semati ru
mí a rajá–o

Espejito de oro espejito

tá tá (sineti) kú norina

El sol en la mañana              Y la piedra de siempre
I  n  m  ó  v  i  l
Envidiada por mí                                  rumbo a la escuela
De regreso                                             en el mismo lugar

                    Canto del Norte

Canto abre tus alas llévame e instrúyeme en los grandes
espacios de esta bóveda inmensa
ciguri ciguri
Este es el canto
Esta la Luz :
“el viento de la noche que habla y sopla
los espejos”

Salí
salí tan de mañana que aún era de noche
La noche de un Sol negro

Las sombras eclipsadas sobre las corolas

Los perfiles
Signo de luz

¡Levántate
Cuenta la historia
Canta

Salí salí tan de mañana que aún era de noche
Brillaban bajo el cielo sus camisas de plata
El Mal venía con ellos                         La Muerte
La Desgracia
Grave rumor de rostros                    El Fantasma

Aquella noche la pequeña corrió por la cara del alba
Cada estrella una cruz El movimiento de los soles
en el Rostro del Alba

Hembra y Macho                                 Macho y Hembra
T u t u g u r i
Sol      Negro

Canto del Búho            cókame cara kame kawa
Néjé cara kasinare
Pé aré neka narama
wabe__________ riosi kúciwara nibo

                                                  ciguri ciguri
La Muerte
El Mal venía con
ellos
La Desgracia
El Mal vencía con ellos           Noche de crines blancas
El Caballo                  El Fantasma                     La Cruz

ci wckawisi mapugite cati osare, t a m i   ina   mutuame

                                   y las minas                        Parral
con sus sueños sin párpado
Bello y Terrible
Cielo subterráneo
Cincelado de estrellas            Punta a punta
Orificio a orificio                     Vientre de la piedra
Tierra en trance de parto     Refulgiendo en los rostros
labrados por el sol
Sobre las cumbres
Catedralicias sombras curtidas por la luz

                                                             Canto del polvo

we tamu ka muciwúaruame kame ko ru ba

Noche galopante Canción de1 viento
Llama
Fuego de la piedra
Bajo los cascos de la noche             Tam
tam tam
tam

Canta la noche su voz de madrugada
La luz en la Pipila de la Estrclla
Polar
Las Tres Estrellas
Geometría Musical

 


C  I  G  U  R  I

C  O  R  O  N  A    D  E    P  I  E  D  R  A

Sulfuro mental –dijo– eso es lo que tú buscas Un cielo de ileanitas coruscaba en la mesa Los ojos les brillaban al ritmo de la lámpara ¡Sulfuro mental! –dijo para sí mismo– ¿Puedes traerme? No –aunque fuerte Su cabello era el de un hombre que frisaba en los sesenta –No puedo– dijo En sus manos centelleo la ileanita –Nos está prohibido ¿Quién te lo prohibe? –tronó la voz del hombre regordete clavando la mirada esmeralda a través de los lentes en la cara del viejo¡Pos’quién! –le dijo poniendo la ileanita sobre la mesa Las sombras temblaron algorjeode la lámpara ¡Pos’Híkuri! Tronó la madera de la silla al movimiento de sus PIES DE PIEDRA

 

“Yúmare            yúmare            yúmare gare
yúmaré gare

Yúmare              yúmare            yúmare gare
yúmaré gare”

Hora disuelta En el banco de niebla
Orilla en la orilla Tiempo sin tiempo
Rostro sin rostro
Máscara
más   cara ¡Es tan sólo el stacato de los cascos
con la sombra en los hombros!

¡El golpe seco de los hombres sobre  la tierra!

                                                 Tepórame
Hora disuelta

ba ca ko ku rójare, a’ríku napere pa

Rehusando ante la muerte El Cielo
Si no veía entrar antes a un español vestido y calzado

y arriba   Rodeándonos   El Árbol de las Estrellas Fijas
Vertical y uniforme para el deleite físico del alma
Seduciéndonos
Sutil y transparente
En la secuencia onírica de las doce del día
Borrándonos
En calma
Rosa vitríficada en el vientre de arena
Nostalgia de cangrejos sobre la playa
Materia            etérea
Radiante catedral del alba
Trenza de luz geodésica

 

S    a    m   a    l    a    y    u    c    a

Océano de médanos           Serena
En el horizonte                    la
mirada

 

¡Sulfuro mental! Entiendes muchacho
–me dijo– lo oíste             ¡Este viejo co
noce las entrañas de la Tierra!          Sí
No sabía qué decir         Sus carbúnclos
eran tres lámparas en la estancia

Hoy el alba fue calma y la luna durmió
Bajo la tienda
Tan sólo el Astro
dulce panal
de sol
sobre la arena me mostró sus labios

Canta poema

El amor de unos ojos                de Luz
Sobre mis párpados

Norogáchi

Bajo la cabellera de agua balan las Cabritillas
En la montaña

En el ojo del toro    –negro diamante de la noche–
Sangre del alba
bala
n      las Cabritillas
en la montaña

 

Rostros             Discos de Luz en la Montaña

Les miraron pasar Ebrios de luz Al Achero vestido como un Emperador entre su raza Nicolás el tuerto Sojahue Ambrosio el Cabestro Melchor Nacaramudama Borrachos de teshuinoCocomórachiMatachiSisoguichiBatopilillasSatachiquiCuencamuruchiqui y Xicuauhua Lugar de arenas 

tarárima kípu ________ci nira

 

Cero                                                Muchos
Dos
Uno
Todos                                              Cero

Rostros asesinados en la piel materna

             Rosca de
Estrellas Lienzos iluminados por las épocas
Verdes
Rojos
Naranjas    Amarillos                     Blancos
Paisajes
en las nubes
Rostros morenos bajo la voz del agua
Cabalgando
Por la luna en la arena                   Loco de abril

Estos indios son capaces de esconderse en el hueco de
su mano mi Coronel

Carraspeó la voz opacando el cristalito de los élitros
en el aire violeta

 

 

Nuestra jornada en la persecución de apaches revoltosos partió de la Junta de los Ríos por toda la Sierra Madre Occidental rumbo al Norte, llevándonos casi una veintena de días con sus respectivas noches, viéndonos obligados a volver por el cansancio de los hombres y bestias, además empezaban a escasear los víveres, resultando frustrado nuestro afán de alcanzarlos y llevar a cabo el plan que había decidido por el bien de los colonos y el territorio en compañía de mis hombres. De haberme encontrado con los revoltosos, les hubiera hecho un llamamiento para que se retiraran a sus lugares donde los esperan sus familiares y demás amigos, ofreciéndoles un convenio con el Gobierno, comprometiéndose éste en darles semilla, animales, tierra y demás enseres para la siembra, como también cierta cantidad de dinero, de tiempo en tiempo, para sus necesidades; llevándose a cabo siempre y cuando se comprometieran a dejar libres los caminos, como haciendas y ranchos de la región, y si no aceptaban, me hubiera visto, como tantas otras veces, en la imperiosa necesidad de someterlos por la fuerza, así hubiera que arrasarlos a todos. Escribe esto siendo las ocho de la noche, ya de vuelta en su casa, el veinticinco de abril de 18… y tantos.

 

 

Korima

El hombre de colorines en la puerta
Vestido con el manto de abril
Huele la luz                             Respira en la espiral
Oye la danza de la sombra
en el umbral del alba y los peces en la noche       Metálicos
Rojo verde ámbar rojo
Viajando en la luz muerta del neón por el Paseo Bolívar

                                                 Ebria noche de abril
Las caras como ahora viajan en la Avenida
Sonámbulas                            Pendejas

Escribiendo el poema sentado bajo la luz del árbol
me llegan en la tinta tus versos
Vicente
Sin duda
Estamos jodidos            Sí
Todos ustedes          Alza la vista                   Escucha
Amplía la oreja         Mira                                La música del sol
disuelve en su virilidad la cáscara verbal de los dormidos

Los peces de etiqueta social
los de la toga
Rebaños en los bancos de arena
Señores en el mundo del arte                          la política
Cerdos de alcoba con licencia
hundiéndose en los senos de una señora frígida

Qué somos
A qué hemos venido

El sol sobre la página en la noche  Vela
su fluido cantar y transfigura
este muerto que soy
Hora perpetua
Sangre
Carcajada                  Sombras por la Calle del Fénix
murmullos llantos fechas

El blanco azul de las camisas en los tendederos
Los ladridos
La charla del café
La madrugada
La cortina de luz
El río de niebla sobre La Catedral
La Calle Libertad
La Plaza de Armas
El grito de las cinco
El tianguis
Los chasquidos del fuete
El peine de la escoba
El refrescante aroma de la tierra mojada
El vapor de la leche
Los quesos
Las manzanas
Las tiras del chorizo
Los marranos
Las cabras
Los gritos de los niños
Las muchachas
Las flores
Las tortillas de harina
Los tamales
Los hombres
Las mujeres
La pistola
El tequila
Los naipes
Los tenderos
El baile y el rumor del rosario detrás de las ventanas

420 latitud Norte
Para recobrarte
¡desbórdate!
escuchando en lo inmóvil la canción de la sangre

El correr de las piedras en el cauce solar

Río Temerario                         Tus rostros me observaron
a través de la noche    Al mediodía en la palma de arena

Viajando bajo los mantos Los niños irradiando su fuerza

Concha matinal                                                Trías
en Sacramento –siete leguas al Norte de la Capital– pudo
mirar la luz desplegando sus rosas en los pliegues de piedra
Esperando
a los gringos
A Doniphan –saqueadores de casas y de iglesias–

Temescalitos                                          La Alhondiga
La semilla
La harina
El Coronel Mitchel                                             Peik
La Hacienda
La lujuria de Sterling                             La venta por la Peña

¡Quince millones de pesos!

Texas Nuevo México                           Alta California
La Apachería                                         El Tratado de Paz
y su                                                         epidemia

Morbus                              morbus                                 morbus

El Cólera
Las “contratas de sangre”                                 Kirker el irlandés
Johnston –sus dos mil pesos– colector de prepucios
William Carr Lane                  Su Alteza Serenísima
y la Compra de Gadsden

Morbus                              morbus                                 morbus

31º 47′ latitud Norte

Escucha en los grandes espacios
el vuelo inquebrantable del canto
Espíritu espiral
sobre las alas de los párpados

Aspirando el aroma del sol

Y observando al roce del oído
el vestido pneumático en azul de la Tierra
Leche de estrellas
No en la alcoba
El hombre y la mujer con la espada ceñida

                                                Muslos de luz
Senos de luz
La llama ondulatoria en el botón cerrado de la herida
Velada y voluptuosa              “Pues hay amor y amor”
Dos formas del deseo             Flauta del Niño
Dulce canción del pecho renunciar al amor
Hermosa Pasiphae                  ¡Absuélveme!

En el denso misterio de la Casa de Dios


Sobre la piel de del mar Gastón Rauset de Boulbon–filibustero–  soñaba entre los picos Recargado en la quilla de la luna Las minas de Sonora Bazaine y el Archiduque –espías– lo esperaron en México Siendo encontrado por Madame  Le–Mort en El Puerto de Guaymas El Señor allende por Allende Hidalgo del Parral entró a Chihuahua problema deMajomaDuponten el 64 En el 65 por Villa Coronado Brincourt enfrentado por las altas– del Conchos El Señor los Ministros y los Carabineros no esperaron a Tourdais ni aBillant Dejando como pista su sombra para el negro Hacendado El Coronel Cotret los primeros de abril en el 66 Apoyo incondicional a los Caciques de Sonora Chihuahua Monterrey Tamaulipas San Luis Potosí Guanajuato y Guerrero Quedando contento el –Usurero– colector de Cacharpas– Señor Latifundista Pues medían tan sólo sus Terrazas DOS MILLONES SEIS CIENTOS CINCUENTA y NUEVE MILNOVECIENTAS CINCUENTA y CUATRO hectáreas 

 

 

Guarda en tu armario mental el nostálgico vuelo
de la golondrina
–narciso aéreo–
el olor a eucalipto y el caminar del hombre
cargando el árbol seco

El dulce respirar de la joven dormida
Muchacha de párpados azules
En la concavidad
serena
del ocaso
Guarda
en el pozo del pecho
Esa flama lustral
Donde se templan
Las llaves del poema

 

                                      Nieves

Lechosa geometría del viento                    –cantar de plumas–
Sol de cristal quebrado en las arenas
Briznas de luz
Cenizas difundidas en los blancos espacios del poema
Veinticinco de abril                                      Canta la noche
Viajando en la dura blancura de la despedida

 

                                     Palomas

Pie veterano de la potente División del Norte
Guerrero Bustillos Triunfo en Riva Palacio
Quevedo derrotado en Casas Grandes Los
Poderes Supremos en Jiménez Torreón
Chihuahua

Sangre y fuego

“Corrimos hacia el Sur
En la Estación Terrazas no fue el miedo
Sino la toma de los trenes los telégrafos
Las órdenes a Juárez
La mentira
El asalto
La sorpresa
La audacia
La corrida de Castro
Batalla en Tierra Blanca
La huida de Mercado               La gubernatura
Los caminos abiertos de la aduana
La barata de pulpa                   El Banco de Chihuahua
y otra vez la matanza en Ojinaga

Felipe Ángeles                          Madero
Fuerzas de la Laguna              Torreón el dos de abril
Gringos en Veracruz                Batalla de San Pedro
El pleito con Carranza              Zacatecas
Coahuila
y el camino sinuoso                  La derrota por Alvaro Obregón
en Celaya                           León
Aguascalientes

1915

Cuarenta generales
Quinientos setentaicinco jefes
Dos mil siete oficiales
Cuatro mil novecientos
individuos de tropa
Catorce cañones
Cinco mil quinientos
proyectiles
Seis morteros           Seis cofres
Diecisiete ametralladoras
Cinco mil seiscientos treintaiún rifles
Un millón de cartuchos
Mil ciento veinticuatro caballos
Tres mil doscientas cartucheras
Un lote de instrumentos de música
y los tres aeroplanos

Rumor de aviones gringos en busca del Centauro

Columbus

Johnson –el ladrón de Sonora– hizo que el General
Reconcentrara sus guerreros en Janos
Cruzaron la frontera                 La División del Norle
Arrasando el poblado
Cinco años los pelones en vano lo buscaron

1923
A Canutillo
de Hidalgo del Parral                Entre las Calles
Una emboscada le tendieron
Siendo cobardemente acribillado
Valiente           Enérgico           Astuto
Inculto
Impresionable
Voluble
Crímenes en exceso sin cuento
Actos de caridad hasta las lágrimas
Retrato de FRANCISCO a FRANCISCO
“Voz del pueblo”

 

 

Soy uno de los Dorados
D’ese mi general Villa,
Tengo diez grados ganados,
Pronto seré cabecilla.

Con metrallas, con aviones,
Nos las tenemos que ver;
Que con gringos y pelones
Nunca nos falta qué hacer

El corazón del dorado
Se hizo para padecer,
Con su cuete bien fajado
Nada tiene que temer.

                      Gritado
¡Ay, Villaldama, Chihuahua,
tierra de’onde vi la luz!
No me alboroten el agua,
Jijos de la Santa Cruz.

De Casas Grandes yo vengo,
Voy camino a Las Delicias,
Paso, te veo y me detengo
Para gozar tus caricias.
Soy dorado verdadero

y en Villaldama he nacido,
Traigo balaceado el cuero
Porque yo nunca he corrido.

                 Gritado
¡Ay, Hidalgo de1 Parral,
donde mataron a Villa!
Para montar mi alazán
No necesito de silla.

Mi carabina y mi yegua
Son mis fieles compañeras,
Tengo que andar veinte leguas
Para matar ratas güeras

Me regreso pa’mi tierra
Adonde quiero morir,
Que ya se acabó la guerra,
Llegó l’ora de rendir

El corazón del dorado…

                      Gritado
Santa Rosalía, Camargo,
Creo que allí está mi querer,
¡Qué trago tan reteamargo
el de no volverte a ver!

 

Las llamas verdiamarillas de los setos
crepitan por el ojo del sol
En la Ciudad
En en Trebol de Piedra
–Los dos cerros–
El Coronel                                              El Grande

El Río pavimentado y el rebaño de Hacienda
Los semáforos
La Aldama
La Morelos                     El Parque de la Regla
El 25
La Calle 37                      El Parque Lerdo
Los indios Tarahumar   Los Uarojíos              Los Pimas
Los picachos
La Sierra                         Los cantiles               El hambre
La Cascada
Esto queda del Norte
La risa de los niños
El Lucero del Alba

 

Y el León y el Acuario sonbre el dintel del Mundo

(onurúame) siné rawé tétire  b u k a mapa suwimea gawí

 

                                             Miércoles de Ceniza de 1987
Chihuahua, Chih.

 

Septentrión
Rogelio Treviño
Chihuahua, México, Ediciones del Azar
Primera edición, 1993

 


(Fotografía de Remigio Córdova)

ROGELIO TREVIÑO (Chihuahua, 1953). En 1980 Ediciones La Plancha publicó Lámpara de la piedra, que después fue reeditado con el libro Líneas para Sofía (1984). Posteriormente publicó Viajero inmóvil (1988), El vértigo de las tentaciones (junto con Remigio Córdova, Juan Guerrero y Rubén Mejía, 1988), Septentrión (1993) y Canciones para Laksmi (incluido en el libro colectivo Entre Líneas II, 1998). Su novela La mujer que no fui o Memorias de un insomne se publicó en 2000.

Obtuvo en dos ocasiones el Premio Chihuahua de Literatura y una mención del Premio Binacional Fronterizo de Poesía Pellicer-Frost 1997, que auspicia la Fundación Ford.

En 2009, el Instituto Chihuahuense de la Cultura. Chihuahua publicó La lámpara en el granero. Obra reunida y en abril de 2011 le entregó la Medalla por Creador Emérito.

 

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