jueves , 6 octubre 2022
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Ni vivos ni muertos: la desaparición forzada en México como estrategia de terror

A partir de un extenso trabajo de campo a lo largo del país, así como de entrevistas a familiares de desaparecidos, politólogos, historiadores, activistas, funcionarios públicos y víctimas de desaparición, Federico Mastrogiovanni traza en este libro el mapa del complejo y trágico fenómeno de la desaparición forzada en México.

Cuando se habla de desaparecidos en México, lo primero que viene a la mente es un arreglo de cuentas o un levantón entre los mismos criminales. Incluso, en el sexenio de Felipe Calderón se habló de que eran daños colaterales de la guerra contra las drogas. Resulta un signo preocupante que en nuestros días no se haya tomado en serio esta situación que ha afectado a inocentes que no tienen nada que ver con actividades ilícitas y que son vulnerables frente a las autoridades locales, estatales y federales. La desaparición forzada es una táctica estatal en la que no sólo actúan criminales sino también sus múltiples aliados que van desde la clase política, la clase empresarial y las fuerzas armadas.

Federico Mastrogiovanni pone en evidencia que la desaparición forzada es un fenómeno que ha estado presente desde hace tiempo en nuestro país, y denuncia que durante el sexenio de Felipe Calderón se recrudeció de manera desastrosa, pues se empleó como una estrategia totalmente racional y metódica para generar terror entre la población, en donde las autoridades han intervenido de manera directa o indirecta, por acción u omisión.

Entre los casos que se abordan en el libro está el de Rosendo Radilla, líder social histórico desaparecido durante la guerra sucia; el de Alan Cerón, un joven desaparecido en Cuernavaca; el de Melchor Flores, conocido como el Vaquero Galáctico, desaparecido por policías en Monterrey. O la dramática historia de Nepomuceno Moreno, quien luchaba en búsqueda de justicia para su hijo y acabó muerto a balazos…

Fragmento del prólogo de Jaime Avilés:

«Cuando faltaban cuatro meses para la aprobación de la reforma energética que privatizó Pemex, la violencia desatada aparentemente sin pies ni cabeza por Felipe Calderón a principios de 2007, de pronto, en agosto de 2013, cobró pleno sentido. La propaganda oficialista hizo visible que la región donde se acumulan inmensas reservas de gas shale —el norte de los estados de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, dentro de la llamada Cuenca de Burgos— es la misma que martirizó y en parte despobló el narcotráfico, en abierta colaboración con los órganos de seguridad del Estado.

»A finales de 1993, penúltimo año del sexenio de Carlos Salinas, una quinceañera que trabajaba en una maquiladora del antiguo Paso del Norte, hoy Ciudad Juárez, fue brutalmente violada, torturada, asesinada y descuartizada, antes de que sus restos fueran abandonados en el desierto. La policía no sólo no la “encontró”, sino que protegió a sus verdugos.

»Para el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, ya en 1993, si bien con otros métodos, una mujer era asesinada cada 12 días en Ciudad Juárez. En 2009, el ritmo subió a razón de una cada 20 horas, pero según la misma fuente, de 2000 a 2009, el total de mujeres asesinadas en el país ascendió a 12 mil 636, cifra que se incrementó exponencialmente de 2009 a 2012.

»Las feministas tipificaron esta variante del asesinato como feminicidio, tras definirlo como “crimen de odio cometido por un hombre contra una mujer por el hecho de ser mujer”. Para la Iniciativa de las Mujeres Premio Nobel —grupo encabezado por Jodie Williams y Rigoberta Menchú, avalado por la ONU—, entre 2006 y 2012, o sea, durante el sexenio de Felipe Calderón, “los feminicidios aumentaron 40 por ciento”. Hoy por hoy, seis mujeres son asesinadas cada día, pero Chihuahua ya no es la entidad donde los feminicidios son más frecuentes, sino el Estado de México, cuyas autoridades dejan sin resolver nueve de cada 10 casos. A escala nacional se estima, conservadoramente, que las mujeres asesinadas por ser mujeres (las que son muertas por otras razones no entran en este cálculo) son ya más de 40 mil, pero todos aquellos casos en que sus autores contaron, por acción o por omisión, con el apoyo de policías, militares o funcionarios públicos fueron, o mejor dicho son, productos de una “desaparición forzada de personas”, que es el asunto central de este libro espléndido, esclarecedor y terrible, cuya misión no es otra que contribuir a que la sociedad se movilice para lograr que este delito sea tipificado específicamente como un crimen distinto del secuestro o la privación ilegal de la libertad, e incorporado a los códigos penales de todos los estados del país, y desde luego al Código Penal Federal. Una dura batalla contra el terrorismo del Estado mexicano, en la que nadie debe dejar de participar hasta la victoria.»

Datos del autor

Federico Mastrogiovanni (Roma, Italia, 1979) es un periodista italiano que vive y trabaja en México desde hace varios años. Se ha ocupado de organizaciones y comunidades indígenas, movimientos sociales y ambientales, migración, violación de derechos humanos y política en México y América Latina para diferentes medios internacionales, entre los cuales destacan la revista Latinoamérica, Radio Svizzera Italiana, il Fatto Quotidiano, Carta, Radio France Internationale, il Manifiesto, Milenio Semanal y Gatopardo.

Fue enviado especial durante el golpe de Estado en Honduras en 2009 y el terremoto de Haití en 2010.

Actualmente colabora con artículos y reportajes con la revista Variopinto, el periódico brasileño Opera Mundi y el portal de noticias de Vice.

Junto con Luis Ramírez es autor del documental Ni vivos ni muertos, sobre desaparición forzada.

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Fuente: Penguin Random House

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