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Neoberlín: Miré los muros de la patria mía


Por José Manuel García-García


1. La obra. Neoberlín, Ediciones del Azar, 1999. 81 páginas.

2. El autor. José Pérez-Espino. Nació en Delicias, Chihuahua, en 1969, pero ha sido juarense por muchos años. Actualmente reside en el DF, donde trabaja como secretario técnico de la Comisión de Radio, Televisión y Cinematografía de la H. Cámara de Diputados. JPE es periodista, ensayista y poeta. De sus ensayos destaca “El viento que arde sobre la hierba: la práctica de la poesía en Chihuahua”, publicada en la desaparecida revista Puente Libre #3 (julio-septiembre de 1994), páginas 61-70. Es una historia panorámica del estado, dedicada sobre todo a la poesía de Ciudad Juárez.

3. La estructura de la obra. Aunque el índice diga otra cosa, este poemario se divide en cuatro secciones: la primera (sin título) con 28 poemas. La segunda, “Más antiguo que la nuez”, con 15 textos. Le sigue “La compasión de las ratas” con 9 poemas, e “Invierno evanescente” con 15 textos. Total, 67 poemas breves (sin título y sin puntuación).

4. Breve resumen. 1) Primera parte: un poeta observa su ciudad, la recorre, hace una crónica poética de ella. Ilumina la sucia intimidad, el secreto de las gentes. Nos dibuja la existencia aberrante de los puentes internacionales, las noches y sus borrachos en las calles turísticas, y el eco nostálgico de las lluvias, y el silencio impotente de su Neoberlín. Nos habla del aire envenenado, de las persecuciones de la poli-migra, de los accidentes y los crímenes nocturnos, y de las mujeres, los moteles de paso, la vida rutinaria de las fábricas, la canícula de julio, el otoño, los muros de la Neoberlín. 2) Segunda parte: el poeta se refiere a las sensaciones que experimenta al contemplar las hojas al viento, las nogaleras, los secretos milenarios de la nuez, los parajes norteños (“el cielo mira el espejo del silencio”, 41), hace un recuento del pueblo neoberlinés y sus desgracias. Luego, el poeta oscurece su lenguaje. Se vuelve hermético. Esta sección la termina con un breve poema de fe en la naturaleza; “aquí/ en pueblo de Allende/ aloja una nuez/ la materia más antigua/ del universo” (51). 3) Tercera parte: el poeta nos lleva a las cloacas de su ciudad. Los neoberlineses se vampirizan, hay un ambiente de penumbra, de crepúsculo sin terminar. Neoberlín es una ciudad caótica donde “alimentamos con muertos al mar/ los damos por la boca del río” (56). Y las ratas testifican nuestro cotidiano Apocalipsis. La ciudad se deslava, se disuelve y “un líquido calcáreo imbebible/ con sabor a sangre de neonato/ habita el muro de piedra/ es la sed y el hambre/ de aventureros que buscan el destierro/ en la tierra habitada por corderos” (63). 4) Cuarta y última sección del libro: el poeta encuentra a un anciano que “alquila palabras junto al río” (67). El viejo describe sus nostalgias, vive desconcertado, marginado de la ciudad que ya no es la misma, es otra, hecha de las plagas de la modernidad. El viejo se pierde entre la multitud de rostros; son seres del pasado y de presente: “guarecidos de la noche/ los hombres aguardan/ la llegada de un viento/ que nadie conoce todavía” (81).

5. Estilo. Entre el Neobarroco y el Imaginismo. Lea usted este poema: “Las ratas roen trilobites/ hasta la licuefacción de médanos/ vanas penumbras dispersan la/ abolición menesterosa que dilata/ la imagen del espejo del río/ por llantos concebida” (61). Ahora lea usted este otro: “susurran las hojas la señal/ para conducir/ del cielo a la tierra/ el alma de los muertos” (37). El primer poema representa el estilo Neobarroco de José Pérez-Espino; el segundo representa un estilo imaginista. 1) El estilo Neobarroco de JPE es sobreabundante en el uso de neocultismos (argot y/o neoarcaísmos). Por ejemplo: “la fuente de savia liofila un ser anaerobio/ que habita cuevas areniscas de arroyos muertos/ […] orna el guarapo blancuzco/ al manar entre la calcárida piel […]” (76). Y: “ciudad citérea:/ corren por arterias de léucatos/ érebos desnudos” (17), etcétera. Estos oscuros ejercicios lingüísticos que complican sus significados por la ausencia de puntuación y mayúsculas en los versos. En contraposición, 2) El estilo Imaginista es claro y sugerente. La mayoría de los versos imaginistas están a principio o al final de los poemas de JPE. Ejemplos: En el gran silencio de una ciudad onírica: “es azul/ la cara de los sueños” (12). Y después de un claustrofóbico recorrido por los últimos zarpazos del verano: “la sombra del otoño/ recorre novedosa las calles/ anunciando el macabro invierno” (29). Y frente a una burguesía semikafkiana y chupadólares: “el tiempo transcurre/ inversamente/ a la impotencia” (31).

6. Otros elementos destacables. Los reportemas o poenotas o encabazomas. No sé cómo llamarlos, pero son transformaciones de notas periodísticas en poemas, con informaciones de ayer y siempre. 1) Primer ejemplo: las lluvias que se convierten en tragedias familiares: “días de inundación/ minas sangrando agua/ arroyos reclamando/ escapar/ declinan las paredes/ regresa el niño/ por la tetera/ y desaparece/ el padre/ atrapa un muñeco de peluche/ y la mano de su esposa” (49). 2) Segundo ejemplo: El 6 de octubre de 1990, un grupo de personas toman el INBA en protesta contra el gobierno que quiere vender la Sala de Espectáculos a particulares. El poeta primero describe el ambiente de la toma: “adentro cantan aleluya/ y allá van felices/ con otro voto de inmortalidad/ cadenas de papel vedan la entrada/ juega la pancarta/ con un niño de tres años” (44). Luego, describe al culpable: “el señor presidente fue y miró un lote baldío/ decidió venderlo/ por favores de campaña/ leyó el periódico en un fax: “toman la sala de espectáculos del inba, piden revertir la venta del pronaf”/ de coraje/ construyo su propio pueblo catalán” (44).

7. Después de una relectura. Neoberlín es un intento de crear un escenario mítico, un drama apocalíptico, de contrastes violentos entre la naturaleza y la urbe: en Neoberlín cae la nieve sobre “la droga/ ácida/ de nuestro amado smog” (13). En Neoberlín la insolencia imperialista tiene como contraparte una ecología que niega las demarcaciones fronterizas “sin pasaporte/ regresa paralelo/ el cauce del río” (7). En Neoberlín se vive un estado de emergencia, de golpe de estado en el que: “el desprecio por la piel/ es ahora balas de la migra/ y los perros antinarcos/ huelen entre las púberes piernas” (14).En Juárez-Nuevo se vive el infierno que repite sus mañas de obreras desahuciadas: “el susto del reloj/ torturador neblumo/ y la mirada brutal de/ un supervisor vomitando arneses” (24).Neoberlín es la ciudad gótica de los extremos: violenta, hermosa, llena de ruidos, de gritos de miedo, y de silencios que vagan por las noches nocturnas.El poeta neoberlinés describe todo esto y como un ángel (exterminador) que abandona la ciudad (perdida) y se disuelve en sus poemas.


(Texto publicado en la revista Semanario del Meridiano 107, No. 435.
Ciudad Juárez, 5 de julio de 1999).

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