lunes , 20 mayo 2019
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Falacias, políticos y periodistas

Patricia-Nigro

“En política y periodismo hay mucha falacia”, dice la profesora Patricia Nigro, doctora en Comunicación Social especializada en Ciencias del Lenguaje. Es coautora con Agustina Blaquier del libro Desnudando el discurso político. Falacias, políticos y periodistas (Editorial Biblos)una investigación que desmenuza el cotidiano uso de argumentos engañosos en la política y el periodismo. La descalificación personal es el más habitual hoy, señala en una entrevista con el periódico Río Negro, de Argentina.

Los siguientes son fragmentos de la entrevista realizada por Carlos Torrengo:

-No fue intención de ustedes al escribir el libro, pero éste de hecho parece destinado a colocar a políticos y periodistas ante un espejo a partir del uso que hacen de la falacia. ¿Los sitúan ante el espejo?

-Nuestra investigación tiene un carácter netamente didáctico. Buscamos develar, ayudar a comprender los alcances que tienen las falacias en los discursos, cómo se ocultan especialmente en el discurso político y también, claro, vía el periodismo. En política y periodismo hay mucha falacia y éstas no son neutras, hacen a lo que definimos como estrategias argumentativas, destinadas a persuadir, pero son inválidas por, precisamente, hacer de la falacia su pivot…

-El libro pone su acento en las falacias deliberadas, es decir aquellas que persiguen un fin muy determinado. ¿Se evidencia un incremento del uso de la falacia en la política y sus cajas de resonancia, el periodismo por caso?

-Soy renuente a las generalizaciones. Las falacias existieron siempre. Están en nuestra cotidianidad en los alcances que, como tal, tienen: engaño. Estaban en Aristóteles…

-Que habló de política pero no conoció los partidos políticos…

-Fue su tiempo. Pero la falacia, en tanto objeto de estudio de la lógica, la lingüística, siempre se estructura desde argumentaciones no correctas. Pero suele ser complejo encontrar en el trámite intenso de política-periodismo, cómo detectarlas, desmenuzarlas. Las falacias se instalan y siguen… la gente escucha. Detectarlas implica detectar lo engañoso de su argumentación y oponerle argumentación. Incluso en el discurso político entre pares, en el debate concretamente, a una falacia se responde con otra falacia. En 30 años de democracia, reconozco muy pocos políticos que no entraban en ese juego. Uno fue el canciller Dante Caputo. En su mano a mano con otros políticos siempre se movió desde buena formación en lógica, de argumentación. Detectaba rápidamente las falacias del otro, las captaba en el aire y las denunciaba con gran habilidad. Lo que está sucediendo hoy en el campo del discurso público es el teñido que se le imprime mediante falta de verdad, ausencia de objetividad, entre otros factores, que dañan el discurso y, por ende, la política, el periodismo.

-En el marco de este presente, ¿detecta alguna falacia con una gravedad, digamos, superlativa en relación con el resto de la batería de falacias?

-Todas son objetables. Pero en línea a una respuesta, hay un creciente uso de lo que en el libro definimos como “ad hominem”, es decir el insulto hacia el otro, descalificarlo sin más, excluirlo vía la palabra para restarle valor a todo lo que diga. Si bien existió siempre, hoy emerge con habitualidad incluso, desde, en el orden amplio de la cotidianidad que construyen las relaciones en la sociedad.

(…)

-¿Usamos cada vez menos palabras? No hablo de llevar un baúl de palabras a cuestas, como dijo un diario cordobés en una oportunidad que Leopoldo Lugones llegó a Córdoba “con un baúl de palabras”…

-Yo no estoy convencida de que se usen menos palabras. Le reitero, ante ese tipo de preguntas, me mantengo en mi desconfianza sobre las generalizaciones. Lo cual no quiere decir que no reconozca creciente falta de respeto por las palabras o mal uso. Para esto último está el caso del periodismo: se nota en términos muy elocuentes en el tratamiento de casos de derecho, jurídico. Son muy pocos los periodistas con buena formación en ese rango. En cuanto al uso de cantidades de palabras, creo que cada generación va creando su propio vocabulario, sustituye palabras. Es sí verdad que las generaciones más nuevas manejan menos palabras en relación con la cultura que asimilaron otras, pero también lo es que manejan el idioma técnico, para las comunicaciones por caso, como no lo pudieron asimilar esas otras generaciones.

Desnudando-el-discurso-polItico

Fuente: Río Negro

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