martes , 10 diciembre 2019
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El periodismo del futuro

La forma de presentar y consumir contenidos informativos cambiará para siempre, pero no el periodismo, afirma el autor. La manera de leer se adaptará a la tecnología, sea cual sea. Y sobrevivirán los medios que apuesten a la investigación utilizando las herramientas multimedia disponibles, bajo principios éticos y de compromiso con su audiencia.

Por José Pérez-Espino

La afirmación de que las redes sociales representan una amenaza para el periodismo es un axioma mediático. Es muy llamativa, pero es falsa. Estimulan malas prácticas, como la reproducción sin confirmar de versiones sobre cualquier tema que aparezcan en Twitter, Facebook o YouTube. Pero lo fugaz tiene límites. Al final del día, las comunidades virtuales se pueden convertir en grandes aliadas de los periodistas profesionales.

También suele repetirse que los dispositivos móviles anticipan el fin de los periódicos impresos, tal como se auguraba cuando internet comenzó a llenarse de información “en tiempo real”. Hasta se ha especulado sobre las fechas para que la extinción inicie paulatinamente, de acuerdo con la capacidad instalada de computadoras y el acceso a la red en cada país.

El lanzamiento del iPad de Apple predijo con claridad que el futuro de la computación es táctil, como escribió Nick Momrik, el genio de WordPress, cuyos blogs ahora pueden ser navegados en la tableta creada por Steve Jobs como una aplicación diseñada por expertos. De igual forma, ese momento mostró que la tendencia para la lectura de contenidos periodísticos estará asociada al tacto, como lo demuestra la proliferación de dispositivos que explotan la experiencia de navegar en las pantallas con las manos.

El periodismo, por lo tanto, no está condenado a desaparecer. Las empresas de comunicación y los periodistas estamos obligados a replantear la forma de presentar los contenidos, siempre bajo sus principios inmutables. Está cambiando la manera de presentar y leer información al público, así como existen nuevas herramientas que facilitan el reporteo de asuntos de interés público.

Muchos reporteros y editores ya ni siquiera utilizamos una grabadora digital. Un iPhone resulta más práctico. No hay necesidad de bajar el audio a la computadora ni utilizar un programa adicional para escucharlo, ni para grabar una entrevista telefónica o un video.

Todos estamos aprendiendo. Hasta el magnate Rupert Murdoch –más allá del escándalo por el ejercicio de un mal periodismo mediante la obtención ilegal de información– y Apple se encuentran en una etapa de ensayo y error. Su periódico exlclusivo para iPad, The Daily, no ha resultado el negocio que esperaban. Tampoco ha registrado el impacto que muchos pronosticaban. Precisamente, porque apostaron a la novedad de la herramienta, no a mejores contenidos informativos.

Un periodismo de calidad, utilizando las herramientas multimedia disponibles, es la ruta de salvación de los medios. Sobrevivirán los que apuesten a mejores prácticas profesionales, éticas y de responsabilidad social con las audiencias y los protagonistas de hechos noticiosos. Al igual que van a subsistir los que mejor aprendan a presentar los contenidos.

En este momento, las redes sociales y la proliferación de tablets y de smartphones (o teléfonos inteligentes) están generando confusión respecto al futuro del periodismo y de los periodistas. En medio del desconcierto persiste un debate en torno al acceso a las mejores opciones informativas. ¿Se debe pagar o no por acceder a contenidos?

La mayoría de los usuarios de tablets y smartphones no tiene empacho en pagar por bajar música, juegos y aplicaciones para casi cualquier cosa. Cierto: hay apps gratuitas que son un gancho para versiones plus que tienen un costo. Es un arma poderosa contra la piratería, porque no se puede compartir lo que se descarga del Apple Store. Y nadie protesta.

De igual forma se están adaptando los modelos para el consumo de contenidos informativos. Aquí es donde está la buena noticia para la industria: cada vez más personas están dispuestas a pagar por un periodismo de calidad.

En contraste al éxito de plataformas como Twitter, que sólo permiten el envío de mensajes de 140 caracteres, están adquiriendo cada vez más auge los contenidos de largo aliento. En forma de reportajes dinámicos, alimentados con audio, video, fotos e infografías animadas que enriquecen las propuestas. La mayoría no son gratis. Se está demostrando que los lectores son agradecidos y pagan por leer presentaciones de calidad a un costo razonable.

La opción de publicar contenidos de largo aliento ha comenzado a beneficiar a muchos medios, aunque las revistas semanales o mensuales son las que más la utilizan por ahora. También existen plataformas como The Altavist, que cobra tres dólares por el acceso a reportajes de profundidad (longform journalism), o periodismo narrativo. Sus historias están disponibles en versiones para iPad, iPhone, Kindle y Nook.

Por mi parte, prefiero el modelo que inició The Economist. La suscripción a la edición impresa me otorga el derecho a leer completa su edición digital, el archivo histórico y su versión para iPad. La aplicación para esa tablet es aparentemente muy sencilla, pero bastante atractiva precisamente por su sobriedad y cuidado en el uso de herramientas dinámicas.

Hasta hace poco, la opción para leer Time en su versión para iPad era como dar permiso para ser asaltado. Básicamente era la misma que su edición online y no ofrecía valor agregado, pero cada número costaba 60 pesos desde México. La compañía detectó el error y corrigió la estrategia. Hace unos días comenzaron a imitar el modelo de The Economist. Ahora, con la suscripción a la edición impresa (30 dólares al año) puedo consultar todo su archivo histórico, además de acceso a su versión en iPad y cualquier dispositivo móvil.

El caso del diario The New York Times también es emblemático. El 28 de marzo comenzó a cobrar por sus contenidos online. En los primeros cuatro meses, 228 mil lectores compraron una suscripción exclusivamente digital. Sin contar que otras 57 mil personas pagan por leer el diario en dispositivos como el Kindle. Es previsible que el modelo sea imitado en todo el mundo.

El diario permite ver gratis 20 contenidos. A partir del 21 hay que pagar. Un paquete de 20 dólares incluye acceso ilimitado a sus versiones iPad y online.

Modelos complementarios

Los críticos del modelo de pago argumentan que, pese a que el modelo está demostrando un relativo éxito, la versión en papel registra pérdidas en publicidad. Aún así es un hecho que el periódico se está adaptando al mercado y ajustándose al futuro gracias a sus lectores leales.

The New York Times tiene 765 mil suscriptores a su edición impresa (los cuales tienen acceso a la versión digital). Cien mil más tienen acceso gracias a una promoción publicitaria. En total suma un millón 100 mil suscriptores que pagan por su contenido. El dato no puede subestimarse, como tampoco el hecho de que el rotativo ha incrementado su tiraje un 1.6 por ciento gracias al aumento de suscriptores al periódico impreso.

En el futuro no hay verdades absolutas. Podrán convivir los proyectos de acceso gratuito a información que estén subvencionados con los medios que hayan logrado generar lectores leales que paguen por sus contenidos de calidad, que es la clave para la sobrevivencia. Ambos modelos son complementarios.

Por lo pronto, las empresas de comunicación cuyos dueños y directivos no estén pensando en adaptar sus presentaciones a lenguajes como el HTLM5 y en software para tablets y smartphones corren el riesgo de quedarse en la prehistoria digital. Pero si dejamos de hacer periodismo, ningún dispositivo y ninguna plataforma podrá salvar a nuestros medios.

 

José Pérez-Espino 
Periodista. Consultor editorial. Coautor de los libros Los amos de México (Planeta, 2011) y La guerra por Juárez (Planeta, 2010).

Twitter: @perezespino

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