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El ciberperiodismo en México

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¿Cuáles fueron los medios de internet pioneros en México, Brasil o Argentina? ¿Cuál ha sido la evolución de los medios nativos digitales en toda la región? ¿Y el perfil, formación y condiciones laborales de sus periodistas? El libro Ciberperiodismo en Iberoamérica (Fundación Telefónica, 2016) documenta los veinte primeros años del periodismo digital, de 1995 a 2014, en 22 países, todos los de América Latina además de España y Portugal.

La edición de 442 páginas es coordinada por el profesor Ramón Salaverría, director del Center for Internet Studies and Digital Life de la Universidad de Navarra, con la colaboración de investigadores de los veintidós países estudiados.

La obra, que incluye estadísticas, referencias históricas inéditas y curiosas imágenes, es el primer análisis profundo y documentado sobre el origen, hitos y tendencias de los medios digitales en todos y cada uno de los países iberoamericanos.

El siguiente texto, de Delia Crovi Druetta, corresponde al capítulo sobre México. El informe narra el origen de los medios digitales en el país, se refiere al contexto tecnológico, al perfil profesional, a la formación y al marco legal, así como al futuro del ciberperiodismo.

El libro completo puede descargarse en el siguiente link:

Ciberperiodismo en Iberoamérica

 

Por Delia Crovi Druetta

Este capítulo retoma reflexiones que realizamos hace casi una década, sobre lo que entonces podía- mos considerar los primeros pasos del periodismo digital en México (Crovi et al., 2006). Durante estos años el ciberperiodismo mexicano ha cambiado mucho: su modelo de negocio, las rutinas profesionales, la relación con los lectores y la lectura misma, así como los caminos para enterarse de la actualidad mundial.

El proceso, iniciado hace más de veinte años, es tan complejo y dinámico que en estas reflexiones solo podremos referir grandes hitos de esas transformaciones. La ausencia de datos precisos sobre el ciberperiodismo, así como la falta de parámetros claros y estables para registrar su evolución, impide un relato pormenorizado y lineal. No obstante, partimos de una certeza: el periodismo digital ha puesto en tela de juicio las características y el desarrollo de una de las industrias culturales más antiguas. Tal como ocurrió con la música y está sucediendo con el sector editorial, también en México la prensa está reconfigurando su espacio económico, político y cultural, en consonancia con las transformaciones que experimentan otros medios de comunicación.

A partir de estas premisas, abrimos estas reflexiones describiendo un entorno imprescindible: las condiciones en que se está construyendo en México, con sus exclusiones y retos, el modelo de sociedad de la información y el conocimiento. Pasaremos luego a referir algunos datos históricos que dan cuenta de la incorporación temprana del país al periodismo en línea, primero con la informatización de las redacciones, luego con versiones digitales de los periódicos en papel y, más tarde, con la incorporación de recursos hipertextuales, multimedia e interactivos.

Este esbozo general nos permite dar cuenta de los grandes hitos del camino recorrido, tanto en materia de convergencia mediática y empresarial, como en la apertura de nuevas hileras de producción en otras industrias culturales que buscan abarcar el complejo mundo del ciberperiodismo. Referiremos también el profundo impacto de tales transformaciones en el ejercicio profesional del periodismo, así como las reacciones de la academia, insuficientes a veces ante la magnitud del cambio. Sobre este particular tenemos más preguntas que respuestas. ¿Cómo influye el ciberperiodismo en los planes de estudio? ¿Los egresados de las carreras de Periodismo y Comunicación salen preparados para hacer frente a un mundo laboral exigente, cambiante y multidimensional? ¿Están presentes estas discusiones en seminarios, foros, congresos académicos? ¿El tema se consolida en las agendas de investiga- ción del campo de conocimiento de la comunicación?

Estamos ante un pasado poco documentado, con datos esporádicos y a veces inciertos. No obstante, tenemos la certeza de que existe un futuro destacado para el ciberperiodismo dentro de la prensa como industria cultural. Y es a partir de esa certidumbre como elaboramos, finalmente, algunas conclusiones entendidas como puntos de partida para nuevas investigaciones y otras reflexiones.

13.1 Contexto tecnológico

La sociedad de la información y el conocimiento ha sido ampliamente analizada no solo a nivel inter- nacional, sino también en el ámbito nacional mexicano. Sin embargo, la mayoría de los trabajos registra la evolución del acceso, perspectiva con la cual México busca responder a unas exigencias internacionales de acceso universal hasta ahora insatisfechas. Este punto de vista estrictamente cuantitativo ha contribuido a colocar en un segundo lugar análisis de orden más cualitativo, referidos a los procesos de apropiación de los cambios tecnológicos que presenta este modelo social.

Es importante señalar que, en el contexto de estas reflexiones, entendemos por «apropiación» aquella transformación cultural que se produce durante el proceso por el cual un individuo incorpora a su vida una tecnología, en nuestro caso, digital. Desde una exploración original al dominio de este nuevo recurso, va experimentando transformaciones culturales que involucran tanto al nuevo aparato como a las prácticas que conllevan el uso de esos apartados. Este es, a nuestro juicio, el eje transformador del modelo llamado «sociedad de la información y el conocimiento», que se presenta desde su formulación y que no garantiza equidad en el proceso. Visto desde este ángulo, el acceso es nodal debido a que constituye el punto de partida del ciclo que conduce a crear una sociedad de ese tipo; no obstante, debe analizarse también en el uso y la apropiación tecnológica, procesos que son los que definen, finalmente, los cambios culturales y de las prácticas sociales de los usuarios.

Para el periodismo digital la apropiación es la simiente de nuevas prácticas en la consulta de noticias de actualidad, publicadas en tiempo real por medios de diferentes partes del mundo. Contar con teléfonos móviles, acceder a Internet, usar redes sociales, consultar bases de datos locales o remotas son prácticas que han transformado la relación espacio-tiempo, y también la forma de leer los acontecimientos mundiales, de integrarlos en una cosmovisión personal o social de la actualidad. En este contexto, consideramos que si bien la sociedad de la información se articula en un eje tecnológico, debe ser pensada en varios escenarios interrelacionados: el histórico, su comprensión teórica, el educativo-cultural y, en especial, el modelo político-económico neoliberal que articula su propuesta y desarrollo.

Dos asuntos merecen ser destacados sobre este modelo social. El primero se relaciona con la exclusión, especialmente visible entre las naciones y en el interior de los países en desarrollo, cuyo origen radica en diferencias culturales y económicas entre los usuarios, identificadas como brecha digital y cognitiva. El segundo es el proceso de convergencia, que definimos como unión en red de la informática, las telecomunicaciones y las industrias audiovisuales, el cual repercute en la dimensión espacio- temporal, en los modelos de negocio, en el ejercicio periodístico, en los usos y procesos de apropiación, así como en las especificidades de cada uno de los medios que hasta entonces considerábamos tradicionales.

En el caso del ciberperiodismo, las posibilidades expresivas y características tecnológicas que ofrece la sociedad de la información, materializadas en Internet y sus diversos recursos, permiten por primera vez crear una suerte de hipermedio, que alberga a los demás y ofrece un enorme repositorio informativo producto de emisores especializados y también de aquellos que emergen por la simple posibilidad técnica de generar contenidos, fundamentados o no. A partir de Internet los nuevos emisores emergentes (empresas, corporaciones, organizaciones, instituciones o personas físicas) influyen en la construcción simbólica de la realidad social de los usuarios / receptores mediante la creación de agendas y reportes informativos de nuevo cuño. La discusión sobre estos aspectos, para algunos identificada con el llamado «periodismo ciudadano», pone en jaque el sentido mismo del periodismo, con sus características históricas y profesionales.

Para hablar concretamente del ciberperiodismo mexicano, es necesario recordar que el proceso neoliberal comienza en el país en 1982, año a partir del cual se acentúa un discurso privatizador de alcance global, que en el sector mediático se concretaría algunos años más tarde. Fue en 1993 cuando el Esta- do mexicano promovió una acción conocida como la venta del paquete de medios, cuya finalidad fue transferir medios en manos del Gobierno al sector privado. Esta decisión sería clave porque reconfigu- ró el sistema nacional y, a corto plazo, acentuó la concentración mediática, sobre todo en el ámbito audiovisual, ya que históricamente la prensa había sido el medio menos concentrado. Tal situación fue cambiando a medida que las televisiones abrieron nuevas hileras de producción, al tiempo que periódicos y radiodifusoras buscaron hacerse presentes en las pantallas televisivas.

En este punto conviene recordar las reflexiones de Bernard Miège, para quien la convergencia se con- creta en dos niveles: en el primero ubica la industrialización creciente de la información, de la cultura y de los intercambios sociales y profesionales; y en el segundo localiza a las tecnologías de la comunicación como acompañantes de los cambios sociales, socio-organizacionales y culturales (Miège, 2000). Aclara que mientras el primer nivel es propio de las empresas y grandes grupos mediáticos, el segundo tiene actores numerosos y diversos. Si aplicamos el punto de vista de Miège al ciberperiodismo mexicano, es posible advertir los dos niveles: la industrialización creciente de la información concentrada hoy en día en grandes grupos mediáticos y de las telecomunicaciones; y las tecnologías digitales como acompañantes de los nuevos procesos organizativos de la información y la cultura, cuyo desarrollo es aún moderado debido a la persistencia de una marcada brecha de acceso. Dos senderos que se bifurcan: un fortalecimiento empresarial destacado, pero un limitado acompañamiento tecnológico en acciones básicas de la vida como trabajar, estudiar, entretenerse o simplemente relacionarse.

Las cifras que aporta el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) de México dan cuenta de que, efectivamente, el acceso de los ciudadanos a las redes digitales experimenta un crecimiento situado en el 13.9 % entre 2006 y 2013, insuficiente para transformar el modelo social en una sociedad de la información.

Sobre estos datos, un matiz. Una constante en América Latina es que los parámetros oficiales de medición de la sociedad de la información han ido cambiando con el tiempo, de modo que se hace difícil comparar. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha puesto de manifiesto esta dificultad regional, y está haciendo esfuerzos para contar con criterios comunes que permitan evaluar longitudinalmente la sociedad de la información y establecer comparaciones.

Hecha esta matización, respecto a Internet, el INEGI indica que en 2001 México contaba con 7,1 millones de usuarios, cifra que en 2005 fue de 16.4 millones. Cinco años más tarde, en 2010, 32.8 millones de ciudadanos disponían del servicio; el dato más reciente es el de 2013, que señala que 46 millones de mexicanos acceden a Internet, lo que representa un 43.5 % frente al total de la población, cifrada en 120.8 millones de personas en 2012. De ellos, 74.3 tienen entre 6 y 35 años, y 64.3 marcan la búsqueda de información como actividad preponderante en Internet. Esta preferencia, sin embargo, comprende muchos tipos de información que van más allá de la estrictamente periodística. Datos del INEGI del mismo año 2013 indican que 44.7 millones de mexicanos usan computadoras, en tanto que el país registra 102,2 millones de líneas de móviles, que representan una penetración del 86.3 %. Con relación al acceso a la banda ancha, en 2014 aún son numerosos los ciudadanos que no obtienen sus beneficios.

En estas cifras percibimos un crecimiento en el acceso a los recursos básicos de la digitalización, pero también indican un gran volumen de ciudadanos excluidos (6 de cada 10 mexicanos, aproximadamente). Además, existen diferencias regionales: el porcentaje de hogares con conexión a Internet en zonas urbanas es del 30 %, cifra que supera por mucho el 4% para hogares en zonas rurales (Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, 2012). La brecha digital originada en razones socioeconómicas refiere que, si bien tres cuartas partes de los hogares de mayor poder adquisitivo tienen acceso a la red, apenas 2 de cada 100 hogares entre los más pobres del país cuentan con esta posibilidad (Piedras y Camargo, 2014).

Los datos aportados muestran que aún hay retos importantes por superar que impactan en la evolución del ciberperiodismo y que exigen tomar medidas apremiantes. Por un lado, aprobar las reglamentaciones secundarias de la Ley Federal de Telecomunicaciones, que busca acotar el poder de los actores dominantes del sector; por otro, aplicar certeramente políticas de inclusión digital que aumenten la actual penetración de banda ancha, hoy del 24%, hasta llegar en cinco años a un 70% (Piedras y Camargo, 2014).

Más infraestructura y un marco legal más equitativo pueden establecer diferencias para lograr un acceso menos excluyente a la información digital y a las acciones sociales en las que están vinculados los procesos de digitalización. Reiteramos también la necesidad de un profundo cambio en el sector educativo que permita acortar la brecha cognitiva y desarrolle en los ciudadanos habilidades digitales que les lleven a aprovechar, entre otras muchas cosas, las posibilidades que ofrece el ciberperiodismo como elemento coadyuvante en el proceso de construcción de su realidad simbólica. En este mismo sentido, es imprescindible iniciar estudios que, más allá de las cifras duras, aporten datos sobre los procesos de uso y apropiación de las tecnologías digitales, que puedan establecer características situadas en la realidad nacional y sus diferentes matices.

13.2 Ciberperiodismoen México(1995-2014)

Pionera de todos los cambios que ha experimentado el periodismo, la prensa mexicana también lo fue al incursionar en Internet.

Pueden distinguirse tres etapas. La primera se dio a mediados de los años ochenta del siglo XX y fue producto de la incorporación de computadoras a las redacciones. Para finales de esa década, casi la mitad de los diarios nacionales se habían automatizado, en tanto que el resto ya disponía de computadoras (Menéndez y Toussaint, 1989). La segunda etapa consistió en mostrar en línea, de manera sistemática y con acceso libre, versiones concebidas como espejo de sus ediciones impresas. Como detallaremos a continuación, a este período corresponden los primeros acercamientos, alrededor de 1995, de La Jornada de la ciudad de México y El Norte de Monterrey, que comienzan a colgar sus contenidos impresos en un sitio web abierto especialmente para ello. Esas réplicas del formato papel aún hoy persisten en periódicos locales o de escaso tiraje. Finalmente, una tercera etapa, en la que nos encontramos, consistió en la incorporación franca, aunque desigual, de la prensa on line a las ventajas de la convergencia digital, aprovechando recursos interactivos y buscando una relación dialógica con el lector. Casi todos los diarios de circulación nacional y/o regional de importancia adoptan desde entonces la tendencia de estar presentes en la red.

Como decíamos, la segunda etapa comienza a mediados de los años noventa, con la aparición de las primeras publicaciones digitales. En efecto, el 5 de febrero de 1995 aparece formalmente en México el primer periódico digital: La Jornada (www.jornada.unam.mx). Este diario, que había sido fundado en México DF el 19 de septiembre de 1984, lanza su primera edición digital como copia exacta de la impresa, incluyendo fotos y formato (Crovi et al., 2006). El pronto crecimiento de la oferta digital en el país lo registra en 2002 Lizy Navarro, quien reporta la existencia de 147 periódicos en línea (Navarro, 2002).

La presencia en red de La Jornada le brindó la posibilidad de darse a conocer internacionalmente, sobre todo entre mexicanos residentes en el extranjero y entre otros medios que la percibieron como fuente informativa. Al evolucionar como medio con presencia digital, requirió un proceso de cambio tecnológico y en el diseño que lo llevó a modificar las páginas originales y a alcanzar diferencias sustantivas entre las versiones impresa y en línea. A pesar de ser pionero y de haber pasado por un proceso importante de actualización de su infraestructura digital, la renovación de su versión en línea no priorizó la interacción que ofrece Internet y su hipertextualidad, sino la ampliación de su cobertura.

En 2014, además de la edición impresa, ofrece dos versiones en línea: una réplica de la impresa y la digital, que difiere de la anterior por su estructura informativa, aunque con contenidos similares. Se omite la publicidad y se actualizan informaciones importantes a lo largo del día, pero debido a que su opción es seguir ofreciendo el periódico de manera gratuita, tal como lo hizo desde su origen, sus me- tas fundamentales están centradas en continuar posicionándose como un periódico crítico, cuyos lectores lo buscan por esa razón. Posee ediciones locales en varios estados del interior del país (Aguascalientes, Oriente, Guerrero, Jalisco, Michoacán, Morelos, Puebla, San Luis Potosí, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas), pero no todas cuentan con versiones en línea. Desde 2010 ofrece aplicaciones para ser recibida en teléfonos móviles, servicio denominado La Jornada móvil. Los recuentos oficiales de tirada, no demasiado fiables, indican que este periódico imprime unos 107.000 ejemplares al día.

Reforma (www.reforma.com) fue el segundo periódico de cobertura nacional que ofreció, en 1996, una versión digital. Se edita en la ciudad de México desde 1993 y pertenece al grupo periodístico El Norte, del estado de Nuevo León, que cuenta con ediciones zonales. De los periódicos con cobertura nacional,

es el que ha incursionado más en el uso de recursos interactivos e hipertextuales, pero lo hace mediante un modelo de negocio según el cual estos servicios adicionales están dirigidos solo a suscriptores de la versión impresa. De este modo, los numerosos recursos escritos, visuales y audiovisuales adicionales que ofrece no son de acceso libre. El diario actualiza su información y permite ingresar libremente a su portada, no así a las notas periodísticas.

Servicios como buscadores, noticias en tiempo real, audio, correos electrónicos, blogs temáticos o de autores, micrositios especializados, galerías fotográficas y videos animados, entre otros, fueron recursos que enriquecieron la oferta digital y la diferenciaron de la impresa. Esta situación colocó a Reforma entre los medios que mejor han explorado las posibilidades de interacción, así como las condiciones de hipertextualidad, comunicación multicrónica y la ruptura de fronteras que ofrece Internet.

El Universal (www.eluniversal.com.mx), tercer periódico nacional en lanzar un portal digital, lo hizo el 1 de abril de 1996. Este diario fue fundado por Félix Fulgencio Palavicini y su primera versión impresa apareció el 1 de octubre de 1916. En la actualidad el periódico está en manos de la familia Ealy Ortiz, que manifiesta buscar el pluralismo ideológico y la libertad de expresión (Hernández, 2014). El Universal es tal vez el caso más interesante de diario digital, si se tiene en cuenta que es de libre acceso, actualiza constantemente la información en una conocida sección denominada «Minuto a minuto» y posee un recurso fundamental para su supervivencia económica: la sección «Aviso oportuno». Dividida en diferentes ofertas de bienes muebles, inmuebles y servicios diversos, esta sección concentra un alto porcentaje del total de la publicidad en periódicos referida a esos rubros y según informa el propio periódico, un buen número de las visitas que recibe están relacionadas con estos anuncios que, aseguran, concentran casi el 80% de ofertas similares en otras publicaciones diarias. En 1996 modificó su diseño en la versión impresa, y apenas un año más tarde anunció la creación de una empresa subsidiaria (El Universal online), destinada a manejar el formato en línea, en tanto que en 2001 experimentó otra renovación informática, siempre con la meta de ofrecer un periodismo más interactivo. Es posible afirmar que El Universal pone su energía en dos metas: actualización continua de la información y avisos oportunos, aspectos que le permiten situarse como uno de los de mayor impacto en el país, tanto que ante sucesos imprevistos la mayor parte de los lectores consulta a este periódico.

Milenio (www.milenio.com) es otro caso paradigmático, no tanto por su impacto entre los usuarios, sino porque representa un claro ejemplo de la convergencia empresarial que persiguen los medios impresos al incursionar en los audiovisuales, así como la radio y la televisión, al abrir nuevas hileras de producción en impresos. En la actualidad su fuerte radica en Milenio Noticias, un canal de televisión restringida destinado a información noticiosa. El diario Milenio comenzó a circular en la capital mexicana en el año 2000 y su importancia deriva del grupo al cual pertenece: Multimedios Estrellas de Oro. Este grupo destaca en el mundo del entretenimiento, ya que posee salas cinematográficas en todo el país, teatros, discotecas, así como estaciones de radio y televisión. Posee ediciones regionales de su periódico y el acceso a la información en línea es abierto. Sus metas están orientadas a actualizar la información al instante, potenciar al grupo de pertenencia como lugar de consulta de acontecimientos de actualidad y dirigir sus contenidos a un público joven, de clase media o media-alta, con estudios universitarios, ávido de opciones de entretenimiento.

Hemos mencionado los periódicos de cobertura y circulación nacional cuyas ediciones digitales revisten importancia en el conjunto de la prensa mexicana, ya sea por tu tiraje (Reforma y El Universal),

ya sea por explorar los caminos de la convergencia (Milenio) o por su carácter pionero en Internet (La Jornada). Los pasos iniciales que dieron estos medios hace veinte años condujeron a un panorama que ha evolucionado. Un sondeo realizado por María Elena Meneses (2010) identifica un total de 329 periódicos en el país, de los cuales 121 tienen algún tipo de digitalización, mientras que un buen número de los restantes expresan su intención de buscar presencia en red. Según la autora esas versiones tienen un grado de desarrollo desigual: van desde un simple espejo del impreso a ediciones modernas, con recursos de interacción y modelos de negocio novedosos.

Trazar un mapa certero de los recursos informativos digitales disponibles en México al cabo de las dos primeras décadas de ciberperiodismo resulta una tarea difícil por las razones ya mencionadas: la movilidad del sector y la falta de datos confiables sobre esa dinámica. De manera general es posible afirmar que, aunque con distintos formatos y contenidos diversos, la mayor parte de los periódicos editados en el país cuenta con versiones digitales. Pero junto con ese universo conviven otros más efímeros, como son los medios creados específicamente para Internet, esporádicos y de corta duración. Mención especial merece el surgimiento de periódicos de barrio, zonales y urbanos, así como la prensa gratuita, cuyo modelo de negocio sacrifica información por publicidad. Entre otros, destacan 24 Horas, Publimetro, Más por más, El nuevo mexicano, Defensa Central, SDP Noticias, Poblanerías, Aguas digital y Generación online.

Después de dos décadas es posible advertir que en México la concentración de medios tradicionales en pocas manos se refleja en el ámbito digital, ya que son esos mismos medios (impresos, sonoros o audiovisuales) los que ofrecen sitios con algunas noticias y mucha promoción sobre ellos mismos como grupos empresariales (Televisa, TV Azteca y muchas de las radiodifusoras, por ejemplo). A la vez, tal concentración ha sido motivo del surgimiento de muchas voces puntuales, temáticas, espontáneas, organizadas, grupales o individuales, que buscan interpretar la realidad desde otros pará- metros.

En paralelo al sector empresarial se desarrolla un universo amplio, caótico incluso: es el de las voces emergentes que informan sobre hechos soslayados por los grandes consorcios, o que ofrecen versiones diferentes a las hegemónicas. Destacan entre ellos los blogs de periodistas cuyo devenir los convirtió en subsidiarios de los mismos medios donde trabajan, o que se personalizaron como espacios de expresión artística. Están también los usuarios frecuentes de Twitter, capaces de generar un diálogo entre iguales con los grandes medios cuando estos rebaten sus argumentos o los retoman para incluir- los en las agendas. Se suma el llamado «periodismo ciudadano», concepto poco preciso que alude a reportes espontáneos que ingresan en los grandes medios por ser oportunos, chistosos o simplemente llenar un espacio informativo a bajo costo. Finalmente, en el contexto de esta enumeración que no es exhaustiva ni pretende identificar a todos los emisores emergentes, mencionamos a los videoblogueros y productores de contenido para canales audiovisuales en Internet, cuyo fenómeno es tan complejo que merece ser analizado con cuidado en otro espacio. Su complejidad y novedad no nos exime, sin embargo, de tomarlos en cuenta al pensar en un mapa de la información disponible hoy día en Internet, porque tienen la particularidad de estar en manos de los jóvenes, quienes de manera irreverente presentan críticas o puntos de vista menos acartonados sobre la realidad y sus diferentes matices.

13.3 Perfil profesional, formación y marco legal

Esta movilidad digital de la información ha sido captada en trabajos periodísticos y académicos. Un rastreo por las tesis de grado y pos- grado permite descubrir instantáneas de muchos de esos casos, algunos de los cuales ya no existen y otros perdieron vigencia. Los congresos y eventos académicos recogen también en ponencias parte de esta historia aún sin articular. La Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación (AMIC) y la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC), así como foros y seminarios regionales, son lugares privilegiados para albergar discusiones sobre el ciberperiodismo, su evolución y, de manera cuidadosa, las transformaciones que experimenta el ejercicio profesional; por ello sus memorias son fuente importante de información sobre el tema. Encuentros de videbloggers, twitteros y productores de videos para canales de Internet enriquecen el panorama de discusión y, aunque con estructuras menos académicas, más cercanas al espectáculo, son espacios que registran el tema y sus vertientes.

En cuanto a las escuelas de Periodismo y Comunicación, consideramos que han retomado parcialmente en sus planes de estudio el fenómeno del ciberperiodismo, por lo que los alumnos egresados suelen lamentar una formación inadecuada para encajar en esos nuevos nichos laborales. La falta de conexión (histórica por cierto) entre el mundo académico y el ejercicio profesional se ha agudizado en este caso, debido a una academia que envejece aislada de la práctica, y una práctica que cambia a pasos acelerados. Recordemos que por primera vez maestros, y adultos en general, deben formar a jóvenes que han invertido la relación de poder derivado del conocimiento sobre un tema, el de la digitalización, acerca del cual la juventud es ex- perta a partir del ejercicio cotidiano y sus mayores apenas atisban desde otra generación.

También cabe hablar sobre los nuevos perfiles profesionales de los periodistas. La informatización de las redacciones modificó las dinámicas laborales en términos de tiempo y de carga. Atrás quedaron las correcciones de originales, las salas de redacción pobladas de máquinas de escribir, pero también algunas especializaciones: los reporteros se convirtieron en generadores de imágenes y sonidos, las correcciones se automatizaron. Si bien la informática trajo grandes ventajas y las ricas fuentes de datos digitalizadas permitieron contar con un mundo informativo al alcance del periodista, las rutinas laborales se hicieron más complejas. Ahora se cubren varias actividades para un mismo grupo multimedia, se deben cruzar fuentes para ganar en confiabilidad, cuesta más alcanzar la originalidad. Ese proceso, que ha sido denominado «periodismo multinivel, todoterreno o convergente» (Meneses, 2010), ha transformado el ejercicio profesional. Por la vorágine de los cambios en curso, pocas veces la formación universitaria está a tono con la vida profesional. Además, la digitalización del periodismo abrió puertas a otras profesiones: la informática, los diseñadores, los gestores de sitios on line, trabajo multidisciplinar que conlleva no solo el desafío de la colaboración, sino también el de la integración de equipos dispuestos a dar información constante, globalizada, interactiva, en todo tipo de lenguaje.

El modelo de negocio tradicional de la prensa se desdobló al explorar la nueva hilera de producción digital. Este desdoblamiento conlleva, por un lado, la meta de la sobrevivencia económica explorando estructuras novedosas, pero, por otro, recae en el periodista que, con el apoyo de numerosas innovaciones tecnológicas, hace frente simultáneamente a labores que antes cumplían otros especialistas, tales como fotógrafos, camarógrafos, especialistas en audio y editores de video. La actualización constante y sin fronteras de la información requiere un tratamiento diferente del contenido, tanto para quien lo elabora como para quien lo lee.

Respecto a la lectura, las ediciones impresas presentaban un objeto informativo dividido en secciones que ofrecían un panorama general de los hechos, acostumbrando a las audiencias a una lectura lineal, página por página, que en principio se trasladó a las redes. Sin embargo, con la evolución del ciberperiodismo se pasó a una construcción en red de las noticias, la que se lograba mediante enlaces o clics, que ofrecían a los lectores la posibilidad de profundizar, aunque esta profundización fuera finita. Se pasó luego a una estructura arbórea que abandona por completo la idea de linealidad para incursionar de lleno en la hipertextualidad, proceso que da a los usuarios la sensación de una construcción personal de los caminos de lectura, aunque, como sabemos, son también senderos finitos. Vemos en estos cambios que el periodismo en red ha sabido mantener un diálogo con los lectores, aparentemente silencioso, pero con el cual rescata la evolución misma de los procesos de recepción.

13.4 Futuro

Bernard Miège (2006) sugiere que las industrias culturales mediáticas, entre las cuales se encuentra la prensa, están experimentando mutaciones que llevan también a cambios en los contenidos que ofrecen. Enumera seis tipos de mutaciones: 1) de orden financiero; 2) técnicas y socio-técnicas; 3) en la distribución y difusión de los productos culturales e informativos; 4) en las prácticas de consumo; 5) en los soportes de cultura e información, y 6) en las relaciones entre arte, cultura y comunicación. Resulta interesante su propuesta, que compartimos, porque estos seis puntos señalan la complejidad del proceso que llamamos «ciberperiodismo», un proceso en el cual están presentes tanto aspectos técnicos y económicos, como culturales. De ahí la necesidad de realizar estudios longitudinales, que no señalen solo datos numéricos, sino que sean capaces de ver como hecho multidimensional la nueva producción informativa en línea.

Veinte años después de su surgimiento y con los profundos cambios que ha ido experimentando, el ciberperiodismo mexicano tiene aún un largo camino por recorrer. Su trazo depende de factores que desconocemos y de otros conocidos que pueden tomar rumbos singulares. Dada la magnitud de estas mutaciones, creemos que la investigación realizada sobre este tema es aún insuficiente, tanto en aspectos puntuales como es registrar numéricamente condiciones de acceso y uso, como en el proceso mismo de construcción y recepción de información.

¿Se trata de una asignatura pendiente? Sin duda. La comunicación como campo de conocimiento se ha ido ampliando en la misma medida en que las sociedades se fueron mediatizando. La amplitud de su agenda de investigación y análisis no se corresponde con los recursos destinados para llevar a cabo este trabajo. Políticas educativas, políticas de ciencia y tecnología son, en conjunto, fundamentales para enfrentar esta labor pendiente que articule experiencias, caminos y futuros del ciberperiodismo.

Referencias

Albornoz, L. (2003). «La prensa on line: mayor pluralismo con interrogantes». En Bustamante, E. (coord.), Hacia un nuevo sistema mundial de comunicación. Las industrias culturales en la era digital, Barcelona: Gedisa.

Crovi, D., Toussaint, F. y Tovar, A. (2006). Periodismo digital en México. México: UNAM y SITESA Ediciones.

Hernández Díaz, J. (2014). Del papel a lo digital. La metamorfosis de estilo y estructuras hacia un periodismo digital emergente. Tesis de licenciatura. Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. México: UNAM.

INEGI (2012). Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, 2012.
— (s. d.). Estadísticas generales del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática. Menéndez, A. M. y Toussaint, F. (1989). Prensa y nueva tecnología. México: Trillas.
Meneses, M. E. (2010). El periodismo en la sociedad de la información. Implicaciones de la convergencia en los procesos de producción informativa, en la cultura profesional y en la calidad de la información. El caso de México. Tesis de doctorado en Ciencias Políticas y Sociales. México: UNAM. Miège, B. (2000). Les industries du contenu face à l’ordre informationnel. Francia: Presses Universitai-

res de Grenoble.
— (2006). «La concentración en las industrias culturales mediáticas (ICM) y los cambios en los contenidos». CIC Cuadernos de Información y Comunicación, 11, 155-166.
Navarro, L. (2002). «Los periódicos on line: características, periodistas y lectores». En Islas, O. et al.

Explorando en ciberperiodismo iberoamericano. México. ITESM Monterrey-CECSA.
Piedras, E. y Camargo, R. (2014). «Disparidad digital en el día de Internet». The Competitive Intelligence Unit. Disponible en http://www.the-ciu.net

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