sábado , 27 noviembre 2021
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De cómo la Casa Blanca presiona para cambiar los reportajes de los periodistas que cubren la fuente

Obama Holds Press Conference in White House Briefing Room

Por acuerdo entre medios y Casa Blanca, desde hace décadas un equipo de prensa conformado por reporteros de la fuente cubre las actividades del presidente de Estados Unidos. La información es compartida entre todos y distribuida por canales oficiales. No obstante, la situación es aprovechada por funcionarios para exigir cambios en el contenido de los reportajes para cuidar la imagen del mandatario, según The Washington Post.

Por Paul Farhi / The Washington Post

Los reportajes del equipo de prensa de la Casa Blanca deberían ser los ojos y los oídos de los medios de comunicación sobre el presidente, una crónica independiente de sus actividades públicas. Son escritos por reporteros para otros reporteros, quienes los incorporan a los artículos de prensa sobre el Presidente Obama casi todos los días.

Sin embargo, en ocasiones, la Casa Blanca juega un papel oculto al darle forma a la historia.

Los periodistas que cubren a la Casa Blanca señalan que los auxiliares de prensa de Obama han exigido —y logrado— cambios en los reportajes del equipo de prensa antes de ser divulgados a otros periodistas. Comentan que la Casa Blanca ha utilizado su papel inusual como distribuidor de los reportajes como una ventaja para dirigir la cobertura hacia una dirección más favorable.

Los episodios debatidos incluyen en su mayoría asuntos triviales y hechos menores. Pero que la Casa Blanca esté involucrada representa una tendencia inquietante para los periodistas y ha provocado que su principal representante, la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, considere revisar este enfoque hacia la cobertura compartida.

El equipo de prensa de la Casa Blanca fue creado hace décadas como un compromiso práctico entre los medios de comunicación y el mandatario del país: En lugar de tener a una multitud de periodistas empujándose para cubrir al presidente en cada aparición semipública, se designa a un grupo de reporteros para que actúen como representantes o “miembros del equipo” de todo el cuerpo periodístico. Los miembros del equipo son elegidos de manera rotativa entre los corresponsales regulares de la Casa Blanca y, por lo general, tienen un acceso más favorable a los eventos presidenciales para tener una cobertura que luego comparten con otros reporteros.

Pero antes de que el reportaje compartido llegue a los buzones, los reporteros del equipo llevan a cabo un paso interno. Envían sus archivos a la oficina de prensa de la Casa Blanca, desde donde son enviados por correo electrónico a una base de datos conformada por miles de destinatarios, incluyendo medios informativos, agencias federales y oficinas congresales. Este proceso de dos pasos permite al personal de la Casa Blanca leer los reportajes compartidos y, posiblemente, oponerse a ellos antes de que los auxiliares de prensa los envíen a los destinatarios.

Casos de reportajes condicionados para su distribución

Aunque la gran mayoría de los reportajes compartidos pasan por la Casa Blanca sin retraso ni corrección, algunos han sido marcados por el personal de prensa de la administración, el cual ha exigido cambios como una condición para distribuirlos.

Cuando Anita Kumar de la cadena de periódicos McClatchy cubrió la aparición de Obama en el programa “The Tonight Show” para el equipo de prensa el año pasado, escribió una descripción detallada del programa grabado. Kumar pensó que su historia sería enviada a los destinatarios del equipo horas antes de que el programa saliera al aire. En su lugar, el personal de prensa de la Casa Blanca se opuso al largo de su archivo, diciendo que violaba un acuerdo con los productores del programa de limitar la promoción. Le dijeron a Kumar que redujera su descripción para que pudieran distribuirla.

Renuentemente, Kumar cumplió, pero la petición era incómoda. “La inquietud es que, cuando envías un reportaje compartido, la Casa Blanca lo lee y lo aprueba”, comentó.

Otros periodistas cuentan historias similares acerca de las objeciones de la Casa Blanca.

Como reportero del equipo en un viaje presidencial a California a mediados de 2012, Todd Gillman, del Dallas Morning News, incluyó una colorida escena en su archivo compartido: Obama regresaba a la sección de prensa del Air Force One, llevando un postre con una vela encendida para honrar a una reportera veterana quien hacía su último viaje presidencial. Gillman agregó el aparentemente inofensivo detalle de que Obama le pidió que le soplara a la vela y pidiera un deseo, “de preferencia uno que tenga que ver con el número 270”, el número mínimo de votos del colegio electoral que el presidente necesitaba para ganar la reelección.

Un auxiliar de prensa, a quien Gillman se negó a identificar, aseguró que los detalles de esta escena eran extraoficiales y se negó a distribuir la historia de Gillman. El reportaje fue enviado únicamente después de que Gillman apeló ante el entonces secretario de prensa, Jay Carney, un día después del hecho y mucho después de la fecha límite de entrega de los reporteros.

En otra ocasión, en 2011, el mismo Carney se opuso a un reportaje compartido que incluía una mención de la primera dama, Michelle Obama, mientras se ejercitaba en el gimnasio de un hotel durante un viaje presidencial a Asia. Carney le dijo al reportero del equipo, David Nakamura, del Washington Post, que el ejercicio era parte del tiempo personal de la primera dama y que, por lo tanto, los reporteros estaban prohibidos. Nakamura no estuvo de acuerdo pero, de mala gana, borró la línea para asegurarse de que su reportaje fuera enviado.

Durante ese mismo viaje, el entonces subsecretario de prensa, Josh Earnest, marcó otro de los reportajes de Nakamura. Este contenía un comentario que yuxtaponía un discurso que Obama había dado dos días antes el cual elogiaba la libertad de prensa con la decisión de la administración de limitar el acceso a la oportunidad de hacer fotografías del residente durante el viaje.

De acuerdo con Nakamura, Earnest, quien sustituyó a Carney como secretario de prensa en mayo, consideró la comparación de Nakamura como injusta y le pidió que la eliminara. Después de una discusión, el reportero accedió.

Varios periodistas veteranos comentan que sus reportajes compartidos han pasado por la Casa Blanca sin problemas. Peter Baker, reportero del New York Times para la Casa Blanca, señaló que la única sugerencia que recibió de un auxiliar de prensa presidencial durante su servicio, fue respecto de algún error ortográfico o relacionado con los hechos. Durante las décadas en las que trabajó como reportero para la Casa Blanca, Tom DeFrank, colaborador del National Journal, comentó que los auxiliares le han pedido modificar un reportaje compartido sólo una vez durante la administración de Ford. Él se negó.

“En mi opinión, la Casa Blanca no tiene derecho a tocar un reportaje compartido”, señaló DeFrank. “No es de su incumbencia. Si quieren objetar por algo eliminando una de sus propias declaraciones, es su derecho. También pueden tratar de persuadir a un reportero, cosa que sucede con frecuencia, pero no tienen derecho a alterar un reportaje compartido unilateralmente”.

Protesta de corresponsales

La Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca (WHCA) comparte esta opinión y negocia con el personal de prensa de la Casa Blanca los asuntos relacionados con los periodistas.

“La independencia de los reportajes compartidos es de extrema importancia para nosotros”, comentó Christi Parsons, reportera del Los Angeles Times, quien es la nueva presidenta de la WHCA. “Nuestra expectativa es que la Casa Blanca envíe el reportaje compartido y después haga las preguntas”.

Parsons señaló que recibió garantías de que así sería cuando habló del tema con Earnest este verano.

Earnest se negó a hacer comentarios oficialmente. Su jefe adjunto, Eric Schultz, dijo en una declaración: “Valoramos el papel del equipo de prensa independiente, el cual proporciona una cobertura oportuna, extensa e importante del presidente y sus actividades en la Casa Blanca y alrededor del mundo. Es por eso que, a petición de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, la Casa Blanca ha distribuido 20,000 reportajes compartidos en los últimos seis años y seguiremos ofreciendo esa facilidad a los periodistas mientras sigan relatando los eventos presidenciales”.

Sin embargo, la WHCA ha comenzado a discutir la manera de ponerle fin al papel de la Casa Blanca en la difusión de los reportajes compartidos de los reporteros publicados y en línea (los periodistas de radio y televisión mantienen un equipo separado, el cual sólo tiene unos cuantos destinatarios sin la participación de la Casa Blanca). El problema principal es cómo manejar la base de datos de los destinatarios ahora supervisados por el personal de la Casa Blanca. Diversos miembros de la WHCA señalan que sería difícil para un grupo de reporteros escribir reportajes con fechas de entrega muy apretadas y al mismo tiempo distribuir su trabajo a una lista tan larga de correos electrónicos. Este verano se inició un experimento utilizando un Grupo de Google protegido con una contraseña, pero hasta ahora la Casa Blanca sigue estando a cargo.

Algunos periodistas dicen que la Casa Blanca de Obama ha estado más atenta que sus predecesores al escudriñar los reportajes compartidos y, en ocasiones, se ha opuesto a detalles aparentemente triviales.

Este verano ocurrió un episodio de este tipo cuando Jennifer Bendery, reportera del Huffington Post, incluyó en su historia compartida el hecho de que una pasante de la Casa Blanca se desmayó al final de la sesión informativa de prensa diaria. Earnest se opuso, según Bendery, argumentando que la pasante estaba siendo “difamada” en esta historia. Bendery respondió que no había identificado a la joven por su nombre y que había agregado nueva información al reportar su recuperación. Pero Earnest insistió en que estaba fuera de lugar.

Después de que el editor de Bendery manifestó que la Casa Blanca estaba obstruyendo el trabajo de la reportera, Earnest cedió y su historia fue distribuida. Pero el episodio dejó a Bendery un tanto lastimada. “No sé porque la Casa Blanca trata de actuar como editora o intermediaria”, señaló. “Se supone que lo único que tienen que hacer es presionar “enviar” para mandar los reportajes compartidos”.

Las preocupaciones de la administración sobre los más mínimos detalles reflejan la gran influencia de los reportajes compartidos y su número relativamente grande de lectores, comentó Alexis Simendinger, una reportera de la Casa Blanca para el sitio de Internet Real Clear Politics.

Simendinger, quien ha escrito historias compartidas desde principios de 1990, recuerda cuando los reportajes eran publicados en papel y estaban disponibles únicamente para quienes los escogían de una charola especial en la Casa Blanca. “Solía ser un número de lectores pequeño y elitista”, aseguro. “Ahora es enorme. Ha provocado que la Casa Blanca sea cada vez más sensible”.

Simendinger se dio cuenta por sí misma a principios del año pasado cuando reportó los detalles de una serie de recepciones presidenciales privadas para donadores de campaña durante la semana inaugural. No había podido obtener un comentario sobre los eventos por parte de la oficina de prensa de la Casa Blanca mientras preparaba su historia compartida, pero los auxiliares de prensa descubrieron lo que había escrito cuando entregó su reportaje para su distribución. De inmediato la llamaron a la oficina de prensa.

Después de un breve retraso, la Casa Blanca le dio sus comentarios sobre las recepciones. Simendinger, con gusto, los agregó a su historia.

– Traducción: Paola Cervantes @paopo

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