martes , 23 abril 2019
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Breve historia del Fondo de Cultura Económica, el paraíso editorial mexicano

Por José Carreño Carlón

En estas semanas de conmemoraciones, recuerdos, evaluaciones de la trayectoria octogenaria del Fondo hemos asistido a la construcción de  numerosos significados de esta historia, interpretaciones diversas de su pasado, de su presente, de su futuro –o de la falta de futuro que le desean quienes periódicamente cuestionan la existencia de esta editorial del Estado mexicano sin fines de lucro.

Todas estas fabricaciones de sentidos distintos de una misma historia son, por un lado, inevitables, y por otro, bienvenidas en el marco de  una democracia plural. Pero el Fondo intentó otra forma de construcción del sentido de su historia, de su presente y de sus perspectivas. Lo hizo de manera colectiva, a través de una consulta abierta a los habitantes del mundo del libro en español, lanzada en diciembre pasado en la FIL de Guadalajara, para que nos dijeran qué ha significado para ellos el Fondo y qué sentido propondrían darle al arrancar su novena década.

Ello ha permitido enriquecer la narrativa de estos 80 años y nos ha servido para elaborar algunos trazos estratégicos para la siguiente década. Procesamos casi medio millar de aportaciones de lectores, estudiantes, académicos, bibliotecarios, editores, libreros y profesores de 16 países de América Latina, España, Estados Unidos, Suecia y Canadá.

Y a estas propuestas sumamos las de escritores y gente del libro de diversas generaciones, procedentes de las distintas regiones geográficas del idioma español: de la península Ibérica; de Norte, Centro y Sudamérica, y del Caribe.  Después de tres encuentros, algunos participantes han llegado hasta la presente estación. Gracias, Fernando del Paso y Juan Villoro, por habernos acompañado desde el inicio de estas jornadas, igual que  Pablo Raphael y a Ricardo Piglia, presente entonces en videoconferencia y ahora con un texto singular. Gracias también, a Sergio Ramírez, hoy aquí, y antes en la escala de la FIL de Minería, junto a Álvaro Enrigue, José Woldenberg, Fernando Macotela y Jorge Volpi.

Gracias también a Isol, Pablo Rulfo, Francisco Hinojosa y David Huerta, participantes en el encuentro realizado en la Feria del Libro de León.  Y hoy les damos la bienvenida a estos intercambios a Arturo Arango, de Cuba, y a Javier Cercas, de España, como a muchos importantes protagonistas del mundo del libro que han llegado a este Festival. Muchas gracias a todos.

En 1934, la primera carrera de Economía, creada en 1929, padecía para reunir a un centenar de alumnos. En ese entorno nacía el FCE, para allegarles lecturas a los estudiantes y académicos de esa nueva disciplina universitaria. Y publicaba, entre 1934 y 1938, once libros: menos de 3 por año.

Hoy, el Fondo publica más de mil títulos anuales —cerca de 170 novedades, 550 reimpresiones y 300 libros electrónicos. Y ha acumulado un catálogo histórico de 10 mil obras, de las cuales 5 mil 500 están disponibles en el mercado, agrupadas en 40 colecciones vivas.  Pero esta numeralia no acude aquí para la trivia o el envanecimiento, sino para rendir tributo a la visión de sus fundadores, con Daniel Cosío Villegas a la cabeza, y a quienes llevaron adelante este proyecto: desde su sucesor, Arnaldo Orfila Reynal, a los siguientes directores, que aportaron las nuevas fortalezas que llevaron al Fondo a transitar de editorial de ciencias económicas a robusto proyecto cultural.

Hoy es una fecha para reconocer también a los autores del Fondo, nacionales e internacionales, de todos los tiempos. Entre estos destacan 62 Premios Nobel, una decena con los máximos galardones en literatura infantil, el Hans Christian Andersen y el Astrid Lindgren, y al menos 136 distinguidos con el Premio Nacional de Ciencias y Artes.

Nuestros autores son los protagonistas de un poderoso catálogo en el que reside la parte medular de esta historia. Sí: un catálogo histórico, disponible desde hoy en nuestra página Web, gracias al trabajo de corrección y actualización realizado por nuestro querido Martí Soler, que llegó también a sus 80, de la mano del Fondo. Gracias, Martí. En ti rendimos nuestro reconocimiento a  los editores y trabajadores del Fondo de todas las épocas.

Los mensajes enviados a nuestra consulta en este punto nos recuerdan que hubo un tiempo en que el Fondo fue la única editorial que publicaba en español contenidos de calidad y de vanguardia. Pero es una historia compleja.  Ya leerán a Ricardo Piglia relatar cómo se convirtió en escritor por culpa del Fondo, que logró colocar El llano en llamas de Juan Rulfo en una librería del sur de Argentina, donde el joven Ricardo lo tomó, lo leyó y definió su vocación. Pero escucharán también a Fernando del Paso narrando que su primera novela no se publicó en el Fondo porque el presidente Díaz Ordaz removió al director Orfila Reynal por publicar un par de libros que lo incomodaron. Del Paso nos conforta con su dicho de que el Fondo sobrevivió a aquel “embate reaccionario”.

De las 468 participaciones enviadas a nuestra consulta, 186 están vinculadas con la política editorial, con énfasis en los aciertos, pero también con señalamientos de insuficiencias, por ejemplo, en materia de reimpresiones, de creación de colecciones y de inclusión de autores.

El asunto de las reimpresiones se empieza a resolver con una política de tiros cortos y de impresión bajo demanda, y también poniendo los títulos de las ediciones agotadas a disposición del lector en libros electrónicos. Pero en un horizonte estratégico, el Fondo se propone robustecer sus alianzas con las instituciones de educación superior para enfocar sus coediciones a aquellas demandas no satisfechas, y también para afinar su oferta a satisfacer demandas de libros que aporten a la pluralidad y a la densidad cultural del debate público, con independencia de su rentabilidad.

Por cierto, atender una demanda no satisfecha por el mercado marcó un hito en la historia editorial del Fondo: en los años ochenta del siglo XX emprendió el más ambicioso proyecto en lengua española de publicación de libros de divulgación científica. Y son entusiastas los testimonios recogidos en la consulta sobre la colección La Ciencia para Todos. Y eso nos lleva a trazar, como estrategia para la siguiente década, acciones conjuntas con la SEP y el Conacyt, para fomentar la lectura de textos de divulgación y  coeditar obras orientadas a afirmar una cultura científica.

Y aquí, otro hito en la trayectoria editorial del Fondo: Hace 20 años comenzó a producir obras para niños y jóvenes. Y hoy, en palabras de uno de nuestros autores, el Fondo es la mejor editorial para asociar la educación y la formación de lectores por medio de la literatura.

El Fondo se convirtió en la presente década en la editorial mexicana con el mayor catálogo electrónico —a fines de 2014 tendremos 1000 títulos— y se propone en los años venideros ofrecer a los lectores las novedades en libro físico y virtual, así como rescatar su catálogo histórico. Y en su nueva década,  reafirmará su posición en el ecosistema digital con la incorporación de contenidos en apps, páginas interactivas (wikis) y formatos enriquecidos. Además, diseñamos ahora una plataforma digital que modernizará nuestra librería virtual haciéndola más atractiva, accesible, y con una amplia oferta editorial.

El Fondo transitó muy rápidamente de pequeña editorial especializada a editorial diversificada para luego configurar un gran proyecto cultural, en parte respaldado por su red de librerías. Hoy tenemos 25, con las tres que hemos abierto en estos meses; y este año llegaremos a 28, las más con vocación de centros de encuentro para el intercambio y la formación de lectores.

Y aquí aprovecho para saludar a los lectores y al personal de nuestras librerías, con los que estamos enlazados aquí y en varios estados de la República.

Pero la consulta nos dice también que son alarmantes los déficits en la red librera del país. Mientras en España hay una librería por cada 8 mil 500 habitantes, en México existe una por cada 200 mil, y además de escasas, se concentran en el DF, Guadalajara y Monterrey.

Para responder a 57 peticiones de librerías del Fondo en los Estados, el principal trazo estratégico para la siguiente década lo marcan nuestras más recientes y exitosas experiencias de colaboración con los gobiernos de las entidades federativas y las instituciones públicas de cultura y educación superior. Así hicimos con los seis centros culturales y librerías inaugurados estos meses o que lo serán este mismo año: la José Revueltas, en Durango, con el Instituto de Cultura del Estado; la recién abierta Guillermo Tovar de Teresa, en el Museo de la Ciudad de México, con la Secretaría de Cultura del Gobierno del DF, entidad con la que dentro de tres meses inauguraremos una estación de lectura para niños y jóvenes en el Pasaje Zócalo-Pino Suárez del Metro; la Carlos Bazdresch, que ya funciona en el CIDE Aguascalientes; la José Emilio Pacheco, que abriremos en septiembre en Tuxtla Gutiérrez con la Universidad Autónoma de Chiapas; el Centro Cultural en Apatzingán, cuya primera etapa se inaugurará en octubre.

La consulta aportó también 21 propuestas para los programas de formación de lectores, fomento de la lectura y promoción de libros del Fondo. Y nuestra propuesta estratégica en este aspecto se encamina a consolidar un nuevo modelo de gestión en las comunidades víctimas de la violencia criminal, que pusimos en marcha en nuestro nuevo espacio cultural en Apatzingán. Ya se han unido al proyecto reconocidos autores del país, que en los meses por venir impartirán talleres a los jóvenes de la Tierra Caliente michoacana, en esta nueva librería del Fondo, con laboratorio de cultura digital, Estación de Lectura y bebeteca.

Y está finalmente la vocación internacional del Fondo. Y aquí le doy la más cordial bienvenida a embajadores y representantes diplomáticos que nos acompañan. De sus países proviene buena parte de las respuestas a nuestra consulta. En ellas no faltan reconocimientos a los libros del Fondo como impulsores de la circulación del conocimiento universal y las expresiones culturales en nuestra vasta región hispanoamericana.Y también abundan los reconocimientos a la presencia del Fondo en el mundo por conducto de sus filiales: desde hace 70 años en Argentina; en Chile desde hace 60; en España y en Perú con más de medio siglo; en Venezuela y Colombia hace 40 años; en Brasil hace 23, en California 21 y en  Guatemala 20. Y este año abriremos nuestra décima filial internacional en Ecuador. Desde la casa matriz enviamos un saludo a nuestras filiales enlazadas en librerías y universidades.

Y son insistentes las propuestas recibidas para que el Fondo extienda o fortalezca sus filiales no sólo a los países latinoamericanos que aún  carecen de ellas, sino a las nuevas y vastas zonas hispanohablantes desarrolladas más allá de nuestras fronteras geográficas, en particular a los millones de hispanos de Estados Unidos y Canadá. Y aquí la estrategia para los próximos años para atender estas demandas se inscribe en la nueva política exterior mexicana, que abre el camino a alianzas como la establecida este año con Ecuador para abrir el centro cultural del Fondo en un bello inmueble cedido por ese gobierno. Se trata de un novedoso modelo que puede acelerar la expansión del Fondo en el mundo, ya que también se considera establecer asociaciones con instituciones con presencia en América del Norte y Europa, como la UNAM y el Instituto Cervantes de España.

Finalizo con un último trazo estratégico fundamental. Creemos que ha llegado el momento de liquidar las insularidades poscoloniales que obstaculizan la plena circulación regional de los libros latinoamericanos. Los libros chilenos, colombianos, peruanos, uruguayos, están confinados en sus propias fronteras. Y son insistentes las voces continentales que demandan al Fondo recuperar el liderazgo construido por Cosío Villegas en los años fundacionales para procurar la circulación horizontal de los libros de nuestras editoriales, entre nuestros propios países.

Por eso, señor Secretario, ponemos a su consideración, en su calidad de presidente de nuestro órgano de gobierno y también del Consejo Directivo de la Organización de Estados Iberoamericanos, la posibilidad de que la cumbre a celebrarse este año en Veracruz, busque acuerdos que liberen de sus trabas históricas a ese mercado editorial potencial de 500 millones de hispanohablantes. Hoy existen condiciones inéditas y profundamente favorables para el éxito de esta empresa. Y para predicar con el ejemplo,  en unos minutos más inauguraremos la primera Feria del Libro Latinoamericano, que nos proponemos replicar sistemáticamente en nuestras filiales.

Termino con una coincidencia entrañable que surge de nuestra consulta abierta y de los encuentros con escritores previos a este cumpleaños: el común anhelo de una larga, más larga vida para el Fondo de Cultura Económica.  Como decía Alí Chumacero: “que el Fondo dure por lo menos una eternidad”.

* Palabras de José Carreño Carlón, director del Fondo de Cultura Económica, durante la ceremonia de inauguración del Festival El Libro y sus Lectores, con el que se celebran los 80 años de esta casa editorial.

Fuente: Fondo de Cultura Económica

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